La invitación a presentar en La Red Innova y a estar en el Menorca Tech Talk me dieron la excusa perfecta para tomarme unos días de vacaciones y visitar por primera vez España. El viaje incluyó cinco días en Barcelona más los dos que estuve en Madrid para dar mi charla. En pocas palabras, ¡Barcelona me partió la cabeza! Creo que es la ciudad más «disfrutable» que visité en mi vida. Acá van mis clásicas «notas sueltas», hoy con las cosas más serias y en un par de días las más «decontracté».
Barcelona, Gaudí y mi «cortedad» con la arquitectura
Si hay algo que no hubiera podido ser en mi vida es Arquitecto. No tengo la más mínima capacidad y todo lo relacionado a eso me aburre olímpicamente. Por eso, cuando pedí en Twitter y Facebook recomendaciones de lugares para visitar y el 90% de las respuestas eran edificios de Gaudí pensé que Barcelona no iba a ser para mí. Para mi gran
sorpresa, las construcciones de Gaudí me parecieron extraordinarias. Cuesta creer que alguien hace tanto tiempo haya innovado tanto en el aspecto que tienen los edificios y hoy en día lo único que se construya sean mamotretos de acero y vidrio espejado. Mirar la Sagrada Familia, La Pedrera, la Casa Batlló o recorrer el Parc Güell me gustó mucho más de lo que pensé.
De todos modos, la Sagrada Familia casi 80 años después inconclusa y sin presupuesto para terminarse me pareció un símbolo del «motto» de los arquitectos: el doble del presupuesto y el doble del tiempo previsto. 🙂
Sólo lamenté que en la ciudad no hubiera casi nada hecho por Calatrava, un arquitecto del que, si nunca viste sus obras, no deberías dejar de cliquear acá y ver estos slides en «full screen».
Cómo hacer una ciudad con el disfrute como primera prioridad
Si algo impacta de Barcelona, es que parece ser una ciudad diseñada y hecha de cero hace 5 años, pensada con la prioridad absoluta de que sea un placer vivir ahí. Salvo cuando uno se cruza con las murallas romanas, que te muestran que no sólo no es así sino que es producto de miles de años de ocupación por sucesivas civilizaciones. Pero la cantidad de calles peatonales, las ochavas suuuuper amplias, la presencia en todos lados de banquitos donde sentarse a mirar el cielo un rato, el orden de su tránsito, muestran claro que en su planeamiento urbano la prioridad ha sido que la ciudad sea disfrutable. Y vaya que lo han logrado!
A la vez, se ve muy claro que casi todas las cosas que la gestión de Macri ha intentado hacer con Buenos Aires, son intentos no del todo exitosos de copiar Barcelona. Desde el servicio de Buses Turísticos, que allá son fabulosos cubriendo toda la ciudad con frecuencias cada diez minutos, pasando por el alquiler de bicis automático de Bicing hasta la peatonalización de calles; todo eso parece claramente inspirado en Barcelona. Al respecto, parece claro que no hay chance de que las cosas funcionen con medias tintas. O se hace una gigantesca inversión para que decenas y decenas de buses circulen por la ciudad o nadie va a tomar el bus turístico si no tiene suficiente frecuencia. O hay decenas y decenas de lugares donde retirar y devolver bicicletas, o nadie va a alquilarlas. En apariencia es el típico caso donde la oferta genera la demanda. No al revés. Como dicen en inglés, «build it and they will come» («construilo y van a venir»).
La brecha monstruosa de infraestructura
Todos sabemos ya que la red de subtes de Buenos Aires es una vergüenza. Y que salvo Buenos Aires ninguna otra ciudad del interior de Argentina tiene subte. Sabemos también lo que son los trenes, tanto urbanos como de larga distancia. También sabía que en España esas cosas eran mejores. Y aún así me quedé muy shockeado por los años luz de diferencia en infraestructura que estas ciudades tienen respecto de nosotros.
Las redes de autopistas, la disponibilidad de estacionamientos subterráneos, la organización del transporte público, son todas áreas menos evidentes donde la brecha acumulada es gigantesca. Y lo que es peor, todo Barcelona y todo Madrid parecen estar en plena reconstrucción permanente. Llenas de obradores y grúas, ambas ciudades continúan a paso rápido su permanente transformación. La brecha no es sólo enorme, es creciente.
Y por la apuesta de Madrid a conseguir los Juegos Olímpicos de 2016 ya están, por las dudas, haciendo más y más mejoras.
Acá mientras tanto seguimos anunciando cada tanto miles de millones de dólares de inversión en infraestructura y después nos toma cinco años hacer un túnel de dos cuadras de largo.




