La captura de Osama Bin Laden es un hecho simbólico. No digo esto, como suele hacerse al calificar algo de «simbólico», para minimizar su trascendencia, sino todo lo contrario. Es así porque las consecuencias prácticas futuras de su muerte son pequeñas al lado del impacto del mensaje que ésta transmite. Por eso, cómo se lo capturara era tan importante como la captura misma.
Atraparlo con vida, juzgarlo y encerrarlo por el resto de su vida hubiera tenido las mismas consecuencias prácticas que matarlo o mejores, evitando dar a Osama status de mártir entre sus seguidores. Pero hubiera servido también para dar un mensaje mucho más poderoso y trascendente: mostrar, con hechos y no declamaciones, que la apuesta del «eje del bien» en la lucha antiterrorista es, inequívocamente, a la paz y a la grandeza, no a la violencia y la venganza.
Enviar un comando y matarlo hace que la mayor y mas poderosa democracia de occidente termine apareciendo espejada en su lucha contra el fundamentalismo. El «eje del bien» se venga del «eje del mal» adoptando algo de sus peores métodos. No vale aplicar la excusa infantil de la escuela diciendo: «Señorita, él me pegó primero!».
Con este acto, Obama tuvo la gran oportunidad de «ganarse» el Premio Nobel de la Paz que obtuvo hace unos años antes de haber hecho nada para merecerlo. Pudo haberle mostrado al mundo que el odio no se vence con más odio. Obama pudo pasar a la historia como el líder que encerró a un asesino, no el que asesinó a uno.
Anoche puse en Twitter: «Creo que USA hubiera mostrado mas grandeza si atrapaba a Osama vivo y lo encerraba para siempre… Ojo por ojo te pone en plano de igualdad» y muchos reaccionaron enojados diciendo que la pretensión de atrapar a alguien así con vida era absurda. Otros dijeron que Obama sin duda quería atraparlo vivo pero no fue posible.
A mí, el hecho de que no haya habido ninguna baja Americana y el ver las imágenes de la sangre junto a la cama, no me hacen pensar que el de anoche haya sido un feroz enfrentamiento de dos bandos igualmente poderosos. Pero aún si así hubiera sido, aún si se hubiese hecho un enorme esfuerzo infructuoso por atraparlo con vida, era importantísimo que el deseo de capturarlo vivo y someterlo a la justicia fuera un eje central del discurso posterior. Que ese elemento esté prácticamente ausente del discurso me resulta muy preocupante.
Que Obama diga: «America puede lograr cualquier cosa que nos propongamos» («America can do whatever we set our mind to.») dice exactamente lo contrario. Podrían haberse propuesto apresarlo y juzgarlo. Dice que en pleno siglo XXI, la lógica central sigue siendo la del ojo por ojo.
Después de escuchar eso y ver los festejos en la calle, anoche me fui a dormir convencido de que hoy me levantaría en un mundo más peligroso que el de ayer. El resultado del partido al que alude la foto del post está incorrecto. Debió decir: Guerra 2, Paz 0.




