En el día de ayer, a eso de las 15 hora de Argentina, nuestro planeta vivió un “encuentro cercano” con un visitante que vino desde muy lejos. No, no se trató de una nave conducida por extraterrestres. La visita fue, en este caso, un asteroide de roca de unos 10 a 20 metros de diámetro. Exraños rumores circularon ayer al respecto (ver al final).
Felizmente no impactó contra nuestro planeta, pero lo interesante es que su paso fue, en términos cósmicos, tremendamente cercano (a unos 12.000 kilómetros). Tanto que atravesó la zona en la que están ubicados todos los satélites de comunicaciones en órbita geoestacionaria y que su órbita se vio dramáticamente afectada por la atracción gravitatoria de la Tierra.
El asteroide sobrevoló precisamente una zona del Atlántico justo arriba de nuestras cabezas, pasando por el extremo sur de la Argentina y Chile. Aunque una roca de 20 metros de diámetro suena bastante aterradora, como asteroide es en realidad bastante pequeño y, si nuestro planeta se hubiera interpuesto en su camino, seguramente se hubiera desintegrado en nuestra atmósfera sin llegar a impactar la superficie.
Lo interesante del caso, de todos modos, es que su existencia apenas fue detectada por el telescopio de LINEAR solo cinco días antes de nuestro “encuentro cercano”. Si su tamaño hubiera sido considerablemente mayor, la detección hubiera sido algo más temprana. Pero, como varias películas de ciencia ficción nos han enseñado, desviar la trayectoria de un gran objeto de grandes proporciones es extremadamente difícil y requeriría meses, sino años, de preparación.
Actualmente, de los más de 8.000 objetos cercanos a la tierra que se tienen catalogados, más de 800 tienen un diámetro superior a 1 Km y causarían un cataclismo de escala planetaria si llegaran a impactar la Tierra. Y por sus órbitas, casi el 20% de los 8.000 son considerados potencialmente peligrosos (PHAs). De todos modos, se cree que existen muchos más objetos de los que han sido descubiertos hasta el momento.
De acuerdo al consenso científico, hace 65 millones de años un asteroide de enorme tamaño (se estima de 10 a 15 Km de diámetro) impactó al planeta en la península de Yucatán, al sur de México. La colisión produjo una liberación de energía equivalente a mil millones de bombas atómicas. Las consecuencias fueron tremendas cubriendo el cielo de polvo por un año e impidiendo que las plantas hagan fotosíntesis. También generó megatsunamis e inyectó ácido sulfúrico en la estratósfera, reduciendo la luz solar en 10-20%. Y finalmente, generó 12 años de lluvia ácida. El resultado: masivas extinciones de especies, entre otras eliminando a todos los dinosaurios.
Lo que pasó hoy no es un hecho aislado. El encuentro más cercano con un asteroide que se haya registrado ocurrió también hace muy poco. Ese privilegio le corresponde al pequeño 2011 CQ1, que en febrero de este año pasó mucho más cerca aún, a unos 5,400 Km de altura. Para apreciar cuán cerca es eso, es apenas más del 1% de la distancia de la Tierra a la Luna. Y si nuesto planeta fuera del tamaño de una pelota de golf, este asteroide hubiera pasado a menos de 2 cm de distancia.
La probabilidad de que se produzca un impacto devastador durante nuestras vidas es extremadamente pequeña. Pero estos dos hechos son una muestra de que no es imposible y del muy escaso foco que ponemos para protegernos de este tipo de amenaza. Estados Unidos, con la oficina de Objetos Cercanos del JPL es el único país que destina recursos de manera sostenida a la detección y monitoreo de asteroides. Y, como cuenta aquí Michio Kaku, incluso ellos están considerando dejar de hacerlo por problemas presupuestarios. Y es solo la Tierra, el único planeta que tenemos, la que estamos descuidando proteger.
Si les interesa el tema de los riesgos y las estrategias para atacar el problema de los impactos de asteroides les recomiendo leer este extraordinario artículo en The Atlantic (en inglés) escrito por mi periodista favorito, Gregg Easterbrook. El tema tiene soluciones posibles y no son tan disparatadamente caras comparadas a otros proyectos de exploración espacial o defensa militar.
Finalmente, anoche circulaban rumores de que esta roca había sido lanzada como un intento de acabar con la vida en la Tierra y así distraer (o suprimir) a la opinión pública para tapar el histórico descenso de Riber a la B. Este triste dato no pudo ser confirmado ni desmentido por el JPL ni la NASA. Ampliaremos.
Nota: si querés votar o proponer cuál fue el origen secreto del asteroide, podés hacerlo acá!
Foto: Luis Argerich



