
Después de un pequeño recreo involuntario, vuelve Riesgo y Recompensa con un post invitado de Carlos Miceli, un maestro de la «Actitud Eddie Murphy» aplicada al desarrollo profesional y el aprendizaje personal.
————————————————————
Necesitamos más Nº 2, por Carlos Miceli
Cuando uno trabaja con gente de otros países, es normal encontrar diferencias culturales en la manera de hacer las cosas. Después de colaborar mucho tiempo con gente de Estados Unidos, no me di cuenta que había adoptado ciertas prácticas laborales de estos países como si fuesen naturales. Al volver a la Argentina, listo para encarar nuevos proyectos, hubo una filosofía en particular que noté que faltaba en nuestro país:
Ganas de ser el número 2.
La primera vez que me encontré con Santi para tomar un café, me impresionó verlo ocupándose de algunos aspectos (necesarios, sin duda) de ciertos proyectos suyos. Le dije: me parece raro que no haya aparecido alguien que te diga «dejame hacerme cargo de estas tareas más mecánicas, vos dedícate a explotar tu magia». Esta es una manera de ver el trabajo que creo que necesitamos incorporar urgentemente.
El país y nuestros actuales líderes intelectuales necesitan más jóvenes con ganas de aprender dispuestos a trabajar en las tareas menos glamorosas para así impulsar el trabajo de estos «solo-preneurs». Sí, hay muchos buscando trabajo, pero hay pocos buscando a quien ayudar. Sutil diferencia de mentalidad.
Al mismo tiempo, esto impulsa el progreso de la camada joven no solo por las lecciones aprendidas, sino también porque estos líderes estarán encantados de ayudar a la siguiente generación a progresar más rápido. Esto es más fácil si ya los conocen y saben de qué son capaces.
Yo dediqué gran parte de mi temprana trayectoria tratando de ser un buen número 2. Durante 15 meses trabajé como mano derecha de Josh Kaufman, autor de The Personal MBA, en el marketing de su libro que terminó siendo best-seller internacional. La experiencia fue única. Más que un jefe, Josh fue y sigue siendo un mentor y amigo, y hasta el día de hoy esa relación y sus frutos me sigue abriendo puertas.
Mi approach a Josh puede resumirse en los siguientes pasos:
- Enviarle un mail ofreciendo mi ayuda sin pedir nada a cambio, solo aprender de él y sus procesos.
- Durante los primeros 3 meses, mi objetivo era volverme lo que Joe Calloway llama «indispensable«. En este período fui teniendo conversaciones con Josh sobre lo mucho que disfrutaba trabajar con él, pero que necesitaba empezar a pensar en ingresos. Josh fue siempre muy abierto con el tema, y entendía que para que yo pueda seguir haciendo el trabajo que venía haciendo, era importante poder cubrir mis necesidades.
- A los 3 meses, ya estaba trabajando full-time con él a cambio de un salario.
En ningún momento necesité enviar un CV, ni tener un título universitario, a Josh no le importaba nada de eso. La situación de Josh, y la de muchos «grandes» en la Argentina, era simplemente la de alguien ocupado, que necesita ayuda y no tiene tiempo de ponerse a buscar alguien que quiera darle un mano sin que signifique un contrato laboral inmediato, con todas las responsibilidades que eso implica.
Lo que gente como Josh necesita que el postulante tome un poco del riesgo en la relación, que demuestre resultados antes de entrar en un contrato laboral, y que justifique sus ingresos con ganancias para el negocio. Este tipo de trabajos no son oportunidades para hacerse millonario, pero sí para aprender mucho más y más rápido que lo que uno aprende en un primer o segundo trabajo cuando uno es joven y empieza su trayectoria profesional.
Algunos de los beneficios del rol «poco glamoroso» del aprendiz son:
- Mentoría: Tener a alguien con el conocimiento y la experiencia relevante para guiarnos en los inicios de nuestro camino profesional es una de las mejores formas de evitar cometer errores innecesarios. Un mentor puede dirigir nuestros esfuerzos a áreas con mayor retorno en nuestras etapas tempranas.
- Red de contactos: Por ser alguien con mayor tiempo en el mundo profesional, estas personas poseen mayor cantidad de contactos, y generalmente estarán encantadas de conectarnos con ellos siempre que haya una buena razón. Ser el aprendiz nos pone en un lugar ideal para conocer a muchos influyentes sin tener que cumplir grandes expectativas desde el comienzo.
- Aprendizaje y exploración de varias áreas: Cuando uno trabaja con un individuo en vez de con una empresa, las tareas son menos definidas, similar a lo que pasa al trabajar en un start-up. Estas personas, generalmente curiosas y con muchos proyectos a la vez, necesitan gente que pueda ser un «comodín» para ellos. De este modo, podemos explorar y aprender sobre muchos campos y habilidades en poco tiempo.
- POSIBLE trabajo part o full time remunerado: La manera de encarar estas posibilidades es de no pensar en cómo conseguir un sueldo lo antes posible, sino en aprender y hacerse indispensable para quien estamos ayudando. Si hacemos esto, pasar a trabajar por una compensación monetaria es más factible, pero debemos aceptar que no es una certeza. El verdadero valor de estas oportunidades no se encuentra en el salario sino en el desarrollo personal y en potenciar los proyectos de nuestro mentor.
El problema con nuestra filosofía laboral es que somos aversos al riesgo. Por ejemplo, en la manera en la que buscamos trabajo. Seguimos enviando cientos de CVs por todos lados, a pesar de que este método no sirve, y que hay cientos de «grosos» necesitando ayuda para poder hacer crecer sus proyectos. Preferimos agarrar cualquier changa porque nos da unos mangos (que no nos mueven la aguja durante los primeros años de independencia), en lugar de priorizar el desarrollo intensivo temprano. Si uno se vuelve indispensable, las oportunidades no paran de llegar.



